EL ARGENTINAZO ESTÁ VIVO EN LAS CONCIENCIAS

EL ARGENTINAZO ESTÁ VIVO EN LAS CONCIENCIAS

nota publicada en: https://prensaobrera.com/politicas/109-

La prensa argentina no pudo asimilar la movilización que conmemoró el tercer aniversario del Argentinazo. Al operador político de Clarín se le ocurrió que la multitud que marchó el lunes pasado a Plaza de Mayo había ido a celebrar el “diciembre negro” –no una epopeya sino una pesadilla. Para La Nación, Cronista y Ambito sólo hubo “caos y protestas” y un “centro de nuevo en caos”. Es que toda esta gente se había pasado los últimos meses decretando el pase a mejor vida del movimiento piquetero. En lugar de esto se encontraron con una manifestación que, según los cálculos, osciló entre 30 y 50 mil personas en una jornada laboral y que si se suma a las del resto del país orilló los cien mil manifestantes. Se toparon, además, con una convocatoria firmada por más de ochenta organizaciones. Para colmo del desconcierto de esta prensa, en la tribuna de la Plaza, montada en un modesto camión que difería años luz de los escenarios que Ibarra le arma a Blumberg, estuvieron presentes los representantes de las luchas obreras de los últimos meses: telefónicos, ferroviarios, metrovías, Parmalat, las oposiciones de alimentación y gráficos, Bagley, TDO, docentes, judiciales, estatales, Perfil, de Brukman, Zanón, Gatic. También estuvieron las organizaciones de derechos humanos y estudiantiles y las de ahorristas y deudores hipotecarios. El carácter proletario del movimiento piquetero se manifestó en el movimiento social que copó la Plaza.

El ‘medio pelo’ no concibe que se pueda conmemorar el Argentinazo (incluido el ‘medio pelo’ nacional y popular) por la simple razón de que desconoce el significado histórico que tiene la rebelión popular. Se trata de los explotados desempeñando un papel colectivo como respuesta a la bancarrota del sistema social existente. Toda rebelión popular abre una fisura en la dominación de los explotadores y va jalonando la experiencia que culminará en una revolución victoriosa. Que una multitud celebre esta perspectiva es en sí mismo un hecho revolucionario.

El documento que se leyó desde la tribuna marcó un considerable progreso con relación a la catarata de oradores que se turnaban en las ocasiones anteriores y que daba la impresión de que el movimiento real del pueblo se encontraba fragmentado. El texto que firmaron los convocantes es, además, excepcional por motivos muy fuertes. Traza una delimitación muy clara con el nacionalismo burgués que históricamente dirigió a las masas en América Latina y denuncia las tentativas seudoizquierdistas que quieren sustituirlo. Ataca la política de los gobiernos izquierdistas que envían tropas a Haití para actuar como agentes de Bush e incluso hace trizas al reciente Encuentro de Rosario del centro y del izquierdismo argentinos. Todos saben que muchos firmantes abjuran de lo que fue escrito, sobre esto nadie se llama a engaño; estamos tan separados como antes del acto, pero lo que no es cierto es que el movimiento de las propias masas se encuentre fragmentado, porque el documento de la Plaza es el único aceptable para la inmensa mayoría de esas masas. En definitiva, estamos ante un documento programático que cristaliza una experiencia política determinada.

De todas las reivindicaciones de la Plaza, las que ocuparon el lugar más estratégico fueron las referidas a la libertad de los compañeros presos y el desprocesamiento de los enjuiciados. Existe una aguda conciencia de que se trata de una lucha entre dos regímenes políticos y dos poderes políticos antagónicos. La burguesía, que quiere imponer sus métodos de disciplinamiento social y de despotismo ‘legal’ y no legal para quebrar la rebelión popular y reconstruir su Estado, y la clase obrera, para la cual el derecho a la lucha contra el Estado y el régimen social capitalista es la madre de todos los derechos. No en vano los asesinos del 20 de diciembre están libres y los luchadores populares van presos todos los días. En nombre, claro, del ‘estado de derecho’.

Las principales columnas de la marcha fueron las del Partido y el Polo Obrero y las que, en conjunto, organizaron el MTD y la CCC. La ‘izquierda unida’ hizo ‘trabajo a reglamento’, reflejando que la línea política de la movilización no era la suya ni tampoco correspondía a su estrategia. La fuerte presencia de la CCC y del MTD tuvo la intención de producir la impresión de una diferenciación con los aliados del gobierno, como D’Elía, la CTA o Barrios de Pie, pero que no será llevada adelante en forma consecuente. La ‘primera minoría’ de representantes sindicales o fabriles en la tribuna correspondió al Partido Obrero, lo cual quizás tape definitivamente la boca a los que nos imputan haber inventado un nuevo ‘sujeto social’. Lo que atrae a los obreros al Partido Obrero es, con toda seguridad, el hecho de que lo ven luchando en el seno de todas las clases y sectores contra el capitalismo y sus gobiernos (una lucha política por el reemplazo del Estado burgués por un régimen proletario) en lugar de dar lecciones baratas de obrerismo. El movimiento piquetero volvió a probar que es un factor de reagrupamiento de la clase obrera.

La movilización transformó, a partir de las tres de la tarde, un lunes laboral en un feriado, en una parte importante de la ciudad. Es decir que tuvo un impacto social superior al que registró la marcha; muchos trabajadores sienten que el Argentinazo no fue en vano. Hay que decir, a la luz de esto, que Argentina ocupa claramente un lugar a la izquierda en el tablero de la política mundial. La burguesía caracteriza que una reversión de esta tendencia sólo podrían lograrla, por el momento, el nacionalismo, su socio transversal y la izquierda democratizante. Por eso contemporiza con sus tentativas mientras recoge los beneficios económicos de la devaluación y de los elevados precios internacionales de la exportación. La ‘paciencia’ de los capitalistas con las continuas volteretas de Kirchner es un reflejo de la función que le han asignado a éste para desviar a las masas populares.

Del conjunto de esta caracterización se desprende la necesidad de concentrar la atención de los luchadores hacia el problema fundamental del momento: desarrollar una dirección, armar una alternativa política de la clase obrera, construir y desarrollar un partido revolucionario, o sean consecuente.