EL “PACTO DE OLIVOS” DEL FRENTE GRANDE CON LA IGLESIA

EL “PACTO DE OLIVOS” DEL FRENTE GRANDE CON LA IGLESIA

nota publicada en: https://prensaobrera.com/politicas/46431-

Desde el mismo instante en que comenzó la campaña por la reforma constitucional, el Frente Grande se destacó por impulsar los planteamien­tos clericales. En su primera “gaceti­lla” de prensa, el FG abogó por la incorporación a la Constitución de las disposiciones de la “Convención Americana de Derechos Humanos” (conocida como Tratado de Costa Rica). A principios de marzo, el propio Partido Justicialista hizo suya esta pro­puesta y, más tarde, mediados de mes, fue oficialmente reivindicada por el Episcopado. El artículo 12 de esta Convención establece la educación religiosa en las escuelas y el artículo 4 prohíbe el derecho al aborto. Fuera de estos tópicos, la Convención restringe el “derecho de reunión”, en el artí­culo 15, y de asociación, en el artículo 16. “en interés de la seguridad nacional, de la seguridad o del orden públicos, o para proteger la salud o moral públicas…” — “orden”, “sa­lud” o “morar que son definidas como tales sólo por el “poder públi­co”. El tratado prohíbe integralmente la posibilidad de asociación (artículo 16) “a los miembros de las fuerzas armadas y de la policía”, es decir, la posibilidad de que allí rijan principios democráticos y no cuartelados.

Como se puede ver, el plantea­miento originado por el Frente Grande y acompañado luego por el PJ y la Iglesia es profundamente clerical, anti­democrático y reaccionario. La decla­ración del Episcopado, en laque reda­ma la incorporación de la enseñanza religiosa y la penalización del aborto a la Constitución, reivindica enérgica­mente también la promoción de la edu­cación privada y el mantenimiento de la unión entre la Iglesia y el Estado — un hecho que configura privilegios jurí­dicos, políticos y económicos que no son admitidos para ningún otro sector de la sociedad. El Episcopado, aunque ha admitido que el presidente de la Nación pueda no ser católico, redama simultáneamente que los ateos sean proscriptos de la posibilidad de llegar a presidente. Está claro que la reforma clerical pretende reforzar el carácter, si no teocrático, sí confesional del Esta­do nacional.

Pues bien, el destacado candidato a convencional constituyente del Frente Grande por Neuquén, el obispo Jaime de Nevares, ha respaldado íntegra y entusiastamente estas posiciones de la Iglesia, en un reciente reportaje en Página 12 (18/3). “Yo estoy de acuer­do con ese documento” (del episco­pado), proclamó sin vacilar. Es decir que, conforme a su propuesta de refor­ma clerical, el Frente Grande lleva como candidatos propios a los repre­sentantes ideológicos y orgánicos de la Iglesia, o sea que el Frente Grande es una dependencia de la Curia.

El obispo De Nevares ha sido muy claro al respecto. “Me dieron entera libertad”, dice, lo que implica libertad incluso para defender sus propias ideas o programas, con independen­cia de los que pueda tener el Frente Grande. “Yo no tengo ningún com­promiso con nadie”, dice el candida­to, sin reparar que, si esto fuera admi­sible, podría igualmente ser candidato por el Modín o la UCR. El único “com­promiso” de De Nevares es, dice, “con la Iglesia”, sin percibir que está confesando así, no su comunidad es­piritual o pastoral con ella, sino un completo acuerdo político, ya que va como candidato a una competencia política. Es decir que defiende los pri­vilegios políticos de la Iglesia, la inje­rencia de ésta en el Estado y la ma­leabilidad de los partidos (en este caso del centroizquierdista Frente Grande) a los intereses materiales deI clero.

Como dicen los franceses. De Ne­vares “insiste y firma”: “Soy un hombre de la Iglesia dentro de este aspecto de la política que es la refor­ma de la Carta Magna”. Un agente del clero en el Frente Grande —para ser más exactos.

Preguntado por el periodista sobre el tema del aborto, De Nevares da como respuesta una verdadera perlita. “La Iglesia tiene que defender la vida (sic) desde el momento de la concepción”, dice, usando el eufe­mismo hipócrita habitual de los curas, sin importarle todas las dictaduras, guerras, regímenes de explotación y de hambre que la Iglesia ha apoyado, sin importarle los estragos mortales que causa la oposición de la Iglesia al uso de preservativos como medio de prevención contra el Sida; y sin impor­tarle, por último, tas miles de muertes que causa el aborto clandestino. To­davía no lo comentó con la gente del Frente Grande”, desliza el obispo con fingida despreocupación, “pero espe­ro”, dice ya seguro, “que compartan esta posición, porque no creo que se puedan regir por otra cosa”.

Han pasado siete días desde que fueron efectuadas estas declaracio­nes sin que los “éticos” y “transpa­rentes” mandamases del Frente Grande se hayan dignado a abrir la boca ¿Pero acaso no es espurio, in­moral y antidemocrático este pacto señalado por De Nevares entre el Frente Grande y el clero, tanto o más podrido que el pacto Menem-Alfonsín? ¿No es incluso peor que éste, ya que compromete al Frente Grande con este “pacto de Olivos”, sin siquiera la necesidad de negociarlo y firmarlo? A través de su pacto con la iglesia, el Frente Grande ha convertido el pacto podrido de Menem-Alfonsín, un pacto de dos, en un pacto de cuatro, ya que se incluye naturalmente en él el Modin de Aldo Rico.

Llamamos a la izquierda que se ha dejado arrastrar como furgón de cola de los Chacho Álvarez y Pino Solanas, a que rompa con el Gran Frente Clerical, a que haga una campaña de denuncia, y a que vote el Frente de Izquierda Socialista